Hace 25 años, en 1994, el filme de Edward Zwick 'Leyendas de
pasión' se estrenaba en los cines. En aquel entonces Brad Pitt aún estaba
comenzando su apoteósica carrera como actor. Acababa de terminar de rodar
'Entrevista con el vampiro', donde compartió reparto con Tom Cruise y Kirsten
Dunst. Más tarde, en 2014, Pitt admitiría que fue una de las peores
experiencias de su vida: la oscuridad, las lentillas, el maquillaje... Hicieron
del 'set' una de sus peores pesadillas.
Basada en la novela de Jim Harrison, la historia presenta a
un coronel que tras luchar por la causa de los indios vive retirado en un
rancho de Montana con sus tres hijos: Alfred, el más responsable, Tristan, el
favorito de su padre y el más rebelde, y Samuel, el más idealista de los tres.
Años después, Samuel regresa al hogar para presentar a su prometida, Susannah.
La familia congenia con la joven hasta tal punto que los dos hermanos mayores
sentirán algo más por ella. Al estallar la Primera Guerra Mundial, cambiará
todo en las vidas de todos ellos.
Leyendo la sinopsis queda claro que es un melodrama de lo más
suculento: una historia familiar de época, con romance y dolor. Una trama
llamativa y muy cinematográfica capaz de acercar a hordas de público a las
salas. Sin embargo, todo el argumento se podría abreviar con algo más sencillo:
una exhibición de Brad Pitt montado a caballo una y otra vez. Porque todos los
personajes están al son de Tristan, su personaje: Susannah, sus hermanos, el
patriarca de la familia, el matrimonio formado por Pet y Decker, su hija Isabel
Dos, hasta De un Tajo, un indio cheyenne que es como otro miembro uno más de la
familia Ludlow. De hecho es el encargado de narrar la historia.
El filme narra más mediante el lenguaje visual que en las
líneas de guión. La pobreza del texto se compensa con los abruptos parajes de
Calgary (Canadá), donde fue rodada: esa naturaleza bruta e indómita del Norte
quedaba recogida por la cámara no solo para embellecer la fotografía
(recompensada con el Oscar ese año) sino como metáfora del sentimiento de los
personajes: retrata el espíritu libre de Tristan además de ser un emplazamiento
idílico en el que el Coronel quiere que sus hijos crezcan, lejos de esa América
naciente que detesta por las masacres a indios nativos.
Susannah podría haber tenido muchos más matices con esa
personalidad que le lleva a la locura, al igual que se podrían haber mostrado
más los sentimientos de Alfred, o la fuerte personalidad del Coronel Ludlow.
Brad Pitt estaba correcto pero no llegó a brillar como lo ha hecho
posteriormente, pero no le hizo falta para encandilar al público y a la
industria. Aquí tenía 31 años y esta era su puerta grande en Hollywood. Todavía
le quedaba un largo recorrido que atravesar en la industria y no le iban a
faltar ofertas para destacar actoralmente. Anthony Hopkins plasmaba su talento
en un personaje que el actor engrandecía, lo mismo que los secundarios Aidan
Quinn (el chico de 'Buscando a Susan desesperadamente') o Julia Ormond, que
contó con varios papeles protagonistas a lo largo de los noventa, o Henry
Thomas (el sempiterno Elliot de 'E.T.' y el padre de la familia en 'La
maldición de Hill House').
Los personajes femeninos apenas tienen peso en la trama. En
el póster promocional en castellano se podía leer lo siguiente: Los hombres de
la familia Ludlow. El encanto de una mujer los unió. Después, su pasión los
destruyó. Aunque hay algo más de enjundia en este drama, el marketing obligaba
a vender la cinta como una historia de amor. El eslogan señalaba a Susannah
(Ormond) como la que generaba el conflicto en la historia, pero es un rol que
no se explota debidamente: queda como un trofeo ante los hermanos y apenas
tiene espacio para reflejar sus estados emocionales. Prácticamente igual de
anodino es el personaje de Isabel Dos (Karina Lombard) o el de Isabel, la mujer
del Coronel (Christina Pickles, la madre de Ross y Monica en 'Friends'), al que
la adaptación en cine simplifica a una aparición en la presentación y otra más
a lo largo del metraje.
'Leyendas de Pasión' es un largometraje de su tiempo, con un
esquema que el cine noventero siguió y que a día de hoy quedaría demasiado
anacrónico. Su honesta y clara intención era que Brad Pitt se luciera en todo
su esplendor. Fue el envoltorio perfecto para presentar a ese caramelo en bruto
que el público iba a querer saborear en cualquier producción que tocase. El
personaje de Tristan forró carpetas de todo el mundo. Su estilo con pelo largo,
con barba o sin ella, es ya un icono de la década. No es un título impecable,
pero eso no quita que fuera muy disfrutable en su momento y que se le cogiera
cariño con el paso de los años. Por mucho que se le busquen contras provocará
el mismo efecto, no importa las veces que se haya visto: cualquiera volverá a
llorar con el final con la música del difunto Horner.
A pesar de ser relativamente novato, Brad Pitt comenzaba ya a
causar furor entre el público. Salía con la modelo Jitka Pohlodek, tenía
31 años, lucía su característica larga melena rubia y se había ganado ya el
título de 'hombre ideal internacional'.
En 1998 Brad Pitt conoce a Jennifer Aniston, con la que
contrae matrimonio en Malibú en el año 2000. Ambos aparecen en la siguiente
foto en el Teatro Chino de Hollywood en enero de 2004. Aunque los signos de la
edad pueden apreciarse con claridad, y el cambio en el peinado es evidente,
Pitt aún conservaba su atractivo: habían pasado nada menos que diez años desde
el estreno de 'Leyendas de pasión'.



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